Testa•del•Serpente

"Rinunciare a tutto per salvare la testa" •

La lección de Benedicto: no a una nueva Iglesia. Comunidades catecumenales para vivir la fe


El breve ensayo del papa Benedicto XVI sobre la llaga de los abusos sexuales en la Iglesia (texto publicado en español en la pagina web de Aciprensa) ha dado la vuelta al mundo en pocas horas, dando lugar a  reacciones opuestas entre quienes aplauden la profunda análisis del papa emérito y quienes critican la oportunidad de que Benedicto XVI continúe a expresar su pensamiento prefiriendo un emérito silencioso y aislado que se dedique solo a la oración (posiblemente silenciosa). Sin embargo Benedicto XVI afirma que ha querido ofrecer su contribución a la “Cumbre sobre los abusos sexuales” convocado por el papa Francisco en el Vaticano, después de haber consultado al actual Pontífice y a su Secretario de Estado, el cardenal Parolin.

Una “bomba” magistral: el colapso moral

El texto de Benedicto XVI – y no podía ser de otra forma tratándose de Joseph Ratzinger – es, como lo ha definido un amigo sacerdote, una verdadera “bomba”. Una Lectio Magistral, un texto denso que desarroya un profundo análisis de lo que ha sucedido en la Iglesia del post-concilio hasta el día de hoy y que denuncia un proceso de  «disolución del concepto cristiano de moralidad» aún en acto. Ratzinger habla del largo periodo de crisis que inició con la revolución del “sesenta y ocho”, que ha provocado un “colapso” espiritual y moral que ha embestido la sociedad así como la teología y la Iglesia Católica, de forma particular sus ministros, en nombre del “espíritu conciliar” (habla de «grupos omosexuales» que actuaban abiertamente en los seminarios y de un rector que llegó permitir la visión de películas pornográficas con sus seminaristas, como parte de la formación al sacerdocio…).

El rol de Juan Pablo II en defensa de la fe y de la moral

Benedicto XVI destaca el rol jugado por el papa Juan Pablo II en el esfuerzo titánico para poner freno a la funesta deriva de la teología moral y al desencajamiento de la autoridad del magisterio pontificio. Al hablar de Juan Pablo II, Benedicto – como afirma el periodista Massimo Franco en el Corriere della Sera – «subraya su figura y su firmeza teológica, en un momento en el cual, algunas corrientes progresistas del catolicismo tienden a menospreciarlo». El papa polaco intervino a través de la publicación del Catecismo de la Iglesia Católica y, sobretodo, de la Veritatis Splendor, uno de los documentos mas incómodos e impopulares de la historia de la Iglesia, después de la Humanae Vitae; una encíclica que aún hoy recibe criticas feroces por parte de facultades teológicas de todo el mundo. Benedicto XVI non trata con cariño al “sesenta y ocho”, ni a la desviación que vivió la teología moral que, después que el Concilio Vaticano II, trató de cambiar de rumbo juzgando negativamente e intentando desechar la moral tradicional para substituirla con “nuevas vias” que a menudo aparecían en claro contraste con el magisterio de la Iglesia. Benedicto habla del garantismo que – según su parecer – ha caracterizado la actitud y la acción de la Iglesia ante los escandalos; garantismo que se ha focalizado sobre las personas y no sobre el “daño” causado a la fe en cuanto bien que requiere protección (y al cual no se ha ofrecido ni se ofrece ninguna garantía jurídica ante estos de delitos graves). Ratzinger relaciona la llaga de la pedofilia con la relajación moral por parte de teólogos y sacerdotes, culpables de haber guiñado el ojo al mundo y de haber traicionado su vocación, la fe y el rebaño que les ha sido encomendado. «Allí donde la fe ya no determina las acciones del hombre es que tales ofensas son posibles».

Retorno a la fe como remedio contra el mal

La propuesta de Benedicto XVI se sintetiza de esta manera: no necesitamos una “nueva iglesia” sino simplemente regresar a Dio, a su amor: «Aprender a amar a Dios es, por lo tanto, el camino de la redención humana». La fuerza del mal es el resultado de nuestro haber rechazado el amor de Dio; mientras que «Quien se confía al amor de Dios es redimido. Nuestro ser no redimidos es una consecuencia de nuestra incapacidad de amar a Dios. Aprender a amar a Dios es, por lo tanto, el camino de la redención humana». En efecto, sin Dio, el hombre es incapaz de distinguir el bien del mal y solo lo que es más fuerte que otra cosa puede afirmarse a sí misma y el poder se convierte en el único principio. La verdad no cuenta, no existe». Solo si Dios existe, la vida del hombre adquiere sentido. Al contrario, sin Dios, la sociedad pierte la brújula y queda desorientada. «¿Por qué la pedofilia llegó a tales proporciones? Al final de cuentas, la razón es la ausencia de Dios. Nosotros, cristianos y sacerdotes, también preferimos no hablar de Dios porque este discurso no parece ser práctico». Por eso Benedicto XVI recuerda la centralidad de la Eucaristía para la vida cristiana. Un sacramento que hoy se ha reducido a un simple «gesto ceremonial» mientras sufrimos una notable y preocupante «caída de la participación de las celebraciones eucarísticas dominicales»

La “Opzione benedictina”: “Comunidades catecumenales” para vivier mejor la fe

Confutando la idea – aún en auge en algunos sectores de la Iglesia – según la cual la moral de la Iglesia Católica puede encontrar un paralelo en las otras religiones (en cuanto toda religión ayuda y enseña la “vida buena”), Benedicto subraya la singularidad de la moral cristiana fundada sobre el Dios bíblico, el Dios de Jesucristo. De tal forma evidencia la unidad que existe entre la idea de Dios y la vida moral del cristiano. De hecho la fe cristiana es un “camino”, una forma concreta de vivir y de relacionarse con el mundo. Tomando como modelo la Iglesia Primitiva, Benedicto XVI habla de la necesidad de un cristianismo vivido en “comunidades catecumenales” donde el camino de los cristianos se concretice de manera visible en lo cotidiano, con signos de conversión y de vida renovada «En la antigua Iglesia, el catecumenado fue creado como un hábitat en la que los aspectos distintivos y frescos de la forma de vivir la vida cristiana eran al mismo tiempo practicados y protegidos ante la cultura que era cada vez más desmoralizada. Creo que incluso hoy algo como las comunidades de catecumenado son necesarias para que la vida cristiana pueda afirmarse en su propia manera». Esta reflexión recuerda el reciente ensayo del periodista norteamericano Rod Dreher, “La opción benedictina”, inspirado a San Benito de Nursia. Dreher propone que surjan pequeñas “comunidades” de fieles cristianos que vivan su fe en el mundo con la misión de ser “sal” y “luz”; pequeñas comunidades cristianas para combatir la fragmentación, el individualismo y la idolatría de la autodeterminación que caracterizan la sociedad contemporánea port-moderna.  Una experiencia de este tipo existe y está en marcha desde hace 50 años: es el Camino Neocatecumenal, un camino de iniciación cristiana post-butismal, fundado por Kiko Argüello e Carmen Hernández en el post-concilio y que el entonces cardenal Raztinger llegó a conocer y a apoyar su crecimiento en Alemania y – durante su pontificado – en el mundo entero.

Iglesia como insturmento de salvación: la idea de una “nueva iglesia” viene del demonio

Muchos obispos – denuncia Benedicto XVI – hablan de la Iglesia utilizando categorías políticas, no como el lugar donde es posible encontrar a Dios y entrar en comunión con Él. El escándalo de los abusos sexuales ha hecho que la Iglesia apareciera como una realidad “inaceptable” que tenemos que desechar y volver a fundar. Este pensamiento viene del demonio que confronta a Dios hablando de la Iglesia y de la humanidad como «llena de miseria y disgustos». De esta forma el demonio acusa a Dios, que es autor y creador del mundo. «Hoy, la acusación contra Dios es sobre todo menosprecio de Su Iglesia como algo malo en su totalidad y por lo tanto nos aleja de ella. La idea de una Iglesia mejor, hecha por nosotros mismos, es de hecho una propuesta del demonio, con la que nos quiere alejar del Dios viviente usando una lógica mentirosa en la que fácilmente podemos caer». Benedicto afirma que la Iglesia «no está hecha solo de malos peces y mala hierba» sino que es el instrumento a través el cual Dios nos salva! «Existe la Iglesia santa, que es indestructible» «hoy hay mucha gente que humildemente cree, sufre y ama, en quien el Dios verdadero, el Dios amoroso, se muestra a Sí mismo a nosotros. Dios también tiene hoy sus testigos (“martires”) en el mundo. Nosotros solo tenemos que estar vigilantes para verlos y escucharlos».

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