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Archivi per il mese di “gennaio, 2015”

Francisco y la Humanae Vitae: en la linea de Pablo VI

foto Ansa. 16/10/2013

foto Ansa. 16/10/2013

Aleteia – El Papa Francisco ha reafirmado de manera clara la importancia, para la familia cristiana, del documento Humanae Vitae del Papa Pablo VI. Lo hizo durante su viaje a Filipinas, en el discurso pronunciado en el encuentro con las familias en el Mall Of Asia Arena de Manila (aquí el discurso competo, ¡no te lo pierdas!).

La carta encíclica escrita por el Papa Montini sobre el tema de la vida humana y el control de natalidad, fue publicada el 25 de julio de 1968, en la así llamada plena “revolución sexual” y provocó dentro de la Iglesia Católica reacciones contrastantes obteniendo inicialmente muchas críticas y contestaciones por parte de expertos, teólogos, obispos y enteras conferencias episcopales.

El documento no cuenta ciertamente con el gusto popular, no trae un mensaje inmediatamente atractivo ni fácil de poner en práctica pero describe la alta vocación de la familia y de la paternidad y maternidad responsables. Es por este motivo que, todavía hoy, está al centro de grandes polémicas y es considerado uno de los textos magisteriales más discutidos de los últimos decenios.

Por una parte hay quien considera la Humanae Vitae un acto de fuerza, solitario y testarudo del Papa Pablo VI contra los pareceres de la comisión de expertos instituida por él. Aquellos critican la excesiva dureza y severidad en relación a las parejas cristianas al prohibir los “métodos artificiales” de control de natalidad. Entre aquellos que han contestado la Humanae Vitae se elevó también la competente voz del cardenal Martini que nunca escondió sus posiciones vanguardistas en materia de moral sexual.

En su libro entrevista “Diálogos nocturnos en Jerusalén”, el cardenal definió el documento papal “un grave daño” que provocó el alejamiento de muchas personas de la Iglesia. Así, la enseñanza moral de Pablo VI fue considerada, por muchos ambientes eclesiásticos, retrógrada, obsoleta y lejana de la mentalidad y los problemas contemporáneos de los cónyuges cristianos.

Por otra parte están aquellos que – fieles al magisterio de Pablo VI – han subrayado la belleza, la dimensión profética y la importancia fundamental de la Humanae Vitae para la situación actual de las familias. El primero de todos fue San Juan Pablo II que dedicó muchos estudios y catequesis a lo que se conoce como la “teología del cuerpo” (sintetizada de manera clara y precisa en el libro “La sexualidad según Juan Pablo II” del periodista francés Yves Semen).

En ningún momento y bajo ningún aspecto el magisterio del papa polaco se alejó de las indicaciones de Pablo VI. Del mismo modo Benedicto XVI – a cuarenta años de la publicación del documento – indicó que “esa enseñanza no sólo manifiesta inalterada su verdad, sino que revela también la prudencia con la cual el problema es enfrentado”.

Ahora también el Papa Francisco muestra su voluntad de conservar la enseñanza de la Humanae Vitae como una palabra válida para la Iglesia y para los cristianos de hoy. En el encuentro con las familias filipinas, al hablar de las “colonizaciones ideológicas que buscan destruir a la familia”, el papa invitó a no perder de vista “la misión de la familia” y a “decir no a cualquier colonización política” con sagacidad, habilidad y fuerza.

Entre los grandes desafíos que la familia está llamada a enfrentar el papa citó los desastres naturales, la pobreza y la emigración: problemas que afligen de manera particular a Filipinas y a los países vecinos. Pero, al mismo tiempo, el “materialismo” y los “estilos de vida que anulan la vida familiar y las exigencias más fundamentales de la moral cristiana” son el fruto de una verdadera y propia “colonización ideológica” que se catapulta contra la institución familiar.

La “falta de apertura a la vida” es uno de los males que aquejan a la familia que sigue las sirenas del relativismo y de la “cultura de lo efímero”. El cierre a la vida se vuelve un cáncer dentro de la sociedad que envejece y muere, ya que – prosigue el pontífice – “cada amenaza a la familia es una amenaza a la misma sociedad”.

Francisco recuerda que Papa Pablo VI “tuvo el valor de defender la apertura a la vida en la familia. Él conocía las dificultades que existían en cada familia, por eso en su encíclica era muy misericordioso hacia los casos particulares, y pidió a los confesores que fueran muy misericordiosos y comprensivos con los casos particulares. Pero también miró más allá: miró a los pueblos de la Tierra, y vio esta amenaza de la destrucción de la familia por falta de hijos. Pablo VI era valiente, era un buen pastor y puso en guardia a sus ovejas de los lobos que acechaban”.

Beato Pablo VI

Beato Pablo VI

El intento del Papa Montini, a instancia de los movimientos de liberación sexual, de la difusión de la píldora abortiva y de las alarmas del boom demográfico, fue reafirmar la sacralidad de la vida y de la sexualidad humana y establecer la doctrina católica en el campo de la moral conyugal, con particular referencia al control de natalidad.

Reafirmando el juicio negativo en relación al aborto, la esterilización y los métodos anticonceptivos, Pablo VI subrayó la indisolubilidad entre el aspecto unitivo y el procreativo del acto conyugal estableciendo que cada “acto matrimonial debe permanecer abierto a la transmisión de la vida” (n° 11).

Para el Papa Pablo VI “la paternidad responsable se ejercita con la deliberación ponderada y generosa de tener una familia numerosa, así como con la decisión, tomada por graves motivos y en el respeto de la ley moral, de evitar temporalmente o incluso a indeterminadamente, un nuevo nacimiento”.

En el reconocimiento de los “propios deberes hacia Dios, hacia uno mismo, hacia la familia y hacia la sociedad”, los cónyuges “no son libres de proceder al libre arbitrio, como si pudieran determinar autónomamente las vías honestas a seguir, sino al contrario, deben conformar su actuar a la intención creadora de Dios, expresada en la misma naturaleza del matrimonio y sus actos y manifestada en la enseñanza constante de la Iglesia”.

Nada sencillo, de hecho. Pero el papa fue profético porque además de señalar la vía a seguir, indicó los riesgos y los peligros de un estilo de vida que se casara con el control artificial de natalidad (HV 17): la infidelidad conyugal, el descenso de la moralidad, la banalización de la sexualidad, la falta de respeto en relación a la mujer (considerada “instrumento de goce egoísta”), el riesgo de intromisión del gobierno en las decisiones familiares de los cónyuges a través de métodos anticonceptivos sugeridos o impuestos…

La contestación a la encíclica Humanae Vitae es uno de los problemas espinosos que la Iglesia está llamada a afrontar con seriedad y atención pastoral. Son muchos los católicos que se oponen claramente a los dictámenes de esta encíclica: tanto los cónyuges cristianos, con su conducta de control de natalidad que no excluye métodos anticonceptivos, como los pastores o los teólogos con una enseñanza que contrasta claramente con el magisterio de Pablo VI.

Un claro ejemplo es el resultado del cuestionario preparatorio para el Sínodo Extraordinario sobre la Familia que ha subrayado cómo la Humanae Vitae “en la gran mayoría de los casos, no es conocida en su dimensión positiva. Aquellos que afirman que la conocen pertenecen como mucho a asociaciones y grupos eclesiales particularmente comprometidos con las parroquias o a caminos de espiritualidad familiar” (Instrumentum Laboris, n° 123).

Se enfatiza además una clara dicotomía entre lo que la Iglesia enseña y lo que la mayoría de los católicos cree y practica, sin que exista un justo acompañamiento necesario para la comprensión de la realidad conyugal a la luz de la fe y de la antropología cristiana.

Otro ejemplo reciente que muestra más de cerca la confusión en la materia lo encontramos en una revista mensual del universo católico gestionada por una famosa comunidad religiosa. En el número de diciembre se encuentra una carta de dos cónyuges del norte de Italia casados desde hace cuarenta años que, en conciencia y por el bienestar de su unión, usan la píldora anticonceptiva prohibida explícitamente por la Humanae Vitae; los cónyuges dicen estar profundamente “abatidos” porque el Sínodo concluido recientemente “ha propuesto apresuradamente a los cónyuges la Humanae Vitae” mientras que esperaban que la Iglesia “finalmente cambiara de actitud”.

La respuesta del diario la ofrece un “teólogo” italiano que dice también él estar “perplejo” por la “confirmación sin reservas” de la encíclica de Pablo VI, subrayando la existencia de un “cisma sumergido” dentro de la Iglesia. El teólogo recuerda que diversas conferencias episcopales, así como el cardenal Martini, han buscado revisar y reinterpretar la enseñanza oficial de la Iglesia sin logarlo y se muestra confiado porque los trabajos sinodales sobre la familia deben aún concluirse.

La esperanza de muchos fieles y pastores es que la Humanae Vitae sea modificada, aligerada o definitivamente superada a favor de una mayor apertura y elasticidad mental. Son esperanzas puestas en el Sínodo y con seguridad habrá debate. Pero por lo que parece, el Papa Francisco, no tiene intención de modificar la enseñanza de la Iglesia Católica con un “descenso de la moralidad”. Lo que le importaba a Pablo VI en la redacción de la encíclica fue tener alta la ley para elevar al hombre, sin caer en el riesgo que sea el hombre quien rebaje la ley para poder alcanzarla más fácilmente.

Es obvio que ninguna ley, ni siquiera las normas del magisterio eclesiástico promulgadas por el Papa, puede tener un carácter coercitivo, nadie está “obligado” a obedecer pero todos están invitados a acoger con fe esta palabra de la Iglesia, como una palabra que viene de Dios. Es por esto que (así como hizo Pablo VI invitando a los sacerdotes a un cuidado pastoral atento y solícito) Francisco ha reafirmado con fuerza la necesidad, para los pastores, de ser “misericordiosos y comprensivos” con los casos particulares. De aquí a borrar la Humanae Vitae hay una gran diferencia.

 

Articulo original en italiano.

Traducción al español por Aleteia.

Lee la Carta Enciclica “Humanae Vitae”

Convertiti e sii sottomessa! L’ipotesi di un’Europa convertita e sottomessa.

soumisionNel progetto iniziale il protagonista si converte al cattolicesimo, ma non sono riuscito a scriverlo. L’avanzata islamica mi è parsa più credibile“. Così confessa Michel Houellebecq (al secolo Michel Thomas, classe 1958) in un’intervista rilasciata al Corriere della Sera a proposito del suo nuovo romanzo “Sottomissione” (che avrebbe voluto intitolare “Conversione”) pubblicato in Francia in concomitanza con le stragi di Parigi al giornale Charlie Hebdo (la traduzione italiana è stata pubblicata da Bompiani).

L’autore del romanzo più chiaccherato del momento, vive sotto scorta e ammette di avere paura. E’ proprio a lui, già incriminato per “islamofobia” dopo alcune esternazioni non esattamente tenere sull’Islam, il giornale satirico francese aveva dedicato l’ultima copertina prima della spedizione punitiva da parte dei terroristi islamici. La vignetta raffigurava lo scrittore francese vestito da mago e il titolo “Le previsioni del mago Houellebecq: Nel 2015 perderò i denti; nel 2022 farò il ramadam”. La prima previsione è legata ai problemi odontoiatrici dello scrittore, evidentemente noti a tutti i transalpini; la seconda previsione si riferisce, invece, all’ultima fatica letteraria di Houellebecq che prospetta una Francia sottomessa all’islam nel non lontano 2022 e un popolo – quello francese – convertito alla religione di Maometto e fedele alla pratica del “ramadam“. Un romanzo che il giornale di Charlie definiva “magnifico, un colpo da maestro”.

Quella di una Francia musulmana dove vige la legge della Sharia è un “idea plausibile” secondo l’autore che racconta la storia di François un professore universitario esperto del filosofo Huysmans che insegna alla Parigi III-Sorbona. Un uomo solo, abituato a distrarsi dallo schema vacuo della vita con superalcolici di qualità e giovani studentesse disposte a riscaldarlo; un professore in crisi di identità che, spinto dalla pressione politica e sociale, sconsolato da continue delusioni amorose, dallo svuotamento di una sessualità disordinata e attratto dall’enorme riscontro economico – di convertirsi all’Islam.  Grazie alla sua conversione, François, avrà “l’opportunità di una nuova vita”: potrà senza problemi praticare la poligamia (diverse donne rigorosamente sottomesse riempiranno i suoi buchi affettivi e la sua sete sessuale), potrà mantenere il posto alla Sorbonne Nouvelle (divenuta nel frattempo l’Università Islamica di Parigi e quindi preclusa ai docenti infedeli) e vedrà triplicare il suo salario grazie alle generose sovvenzioni degli emiri benefattori delle “petromonarchie”.

E’ stato definito un romanzo sulla conversione ma, come precisa il titolo (che suona come un imperativo netto ed inappellabile) più di una conversione si tratta di una sottomissione. Nel 2022 il partito nazionalista di estrema destra di Marine Le Pen viene sconfitto dal nuovo partito della Fraternità Musulmana grazie al sostegno dei partiti di centro, in modo particolare del partito socialista e dei repubblicani, ormai fuori dai giochi per le presidenziali. Il nuovo governo, guidato dal leader Mohamed Ben Abbes (figura simpatica, affascinante e fuori da ogni sospetto), farà della Francia un ricco e potente paese islamico con una nuova legislazione ispirata ai dettami del Corano. Insomma, la previsione non è del tutto irragionevole: in fondo per chi dovrebbero votare i sei (o sette) milioni di musulmani residenti in Francia che non si riconoscono né nei valori della sinistra (matrimoni gay ad esempio) né tanto meno nella destra (che vorrebbe espellerli tutti e subito)?

Il fatto che quello narrato da Houellebecq sia a tutti gli effetti un islam moderato e non un nuovo ISIS, non gli è valsa l’assoluzione per l’accusa di islamofobia. Tutto sommato Houellebecq racconta il trionfo di uno stato islamico moderato che, governando la Francia per via democratica, aspira a ri-costruire un nuovo “Impero Romano” nel vecchio continente ispirando il Belgio a seguire le proprie orme e aiutando il Marocco, la Tunisia e l’Algeria ad entrare nell’Unione Europea. Un islam moderato e aperto che impone la fatwa, l’obbedienza alle leggi di Allah, che invita le donne ad abbandonare gli studi dopo i dodici anni, a coprirsi la testa e a lasciare il lavoro per occuparsi dei lavori domestici e familiari (risolvendo così drasticamente il problema della disoccupazione!). Un islam moderato e rassicurante che (finalmente!) concede agli uomini la possibilità di avere più mogli (anche sotto i sedici anni) regolando la poligamia dal punto di vista giuridico. Un islam moderato e tollerante che provoca l’emigrazione degli ebrei che lasciano la nuova Francia che parla arabo per rifugiarsi in Israele (come fa la famiglia della giovane Myriam del romanzo).

Quello che prospetta Houellebecq, e che aveva già denunciato nei suoi precedenti romanzi (vedi Le particelle elementari) è il collasso di una società – quella Francese, ma facilmente potremmo dire quella Europea –  che srotola il tappeto rosso all’islam dopo aver venduto la propria identità e in valori connessi alle proprie radici cristiane tagliate via con un tratto di penna, in favore del nulla più l’economia. Si tratta d ciò che Eric Zemmour nel suo libro “Le suidice français” (un bestseller in Francia da quando è stato pubblicato in ottobre) ha condannato come una società in macerie dopo la grande rivoluzione del ’68 dove le strutture tradizionali (famiglia, nazione, lavoro, stato, scuola) sono state prese di mira senza un offerta culturale o di senso che fosse quantomeno soddisfacente.

A questo proposito, in seguito agli attentati di Parigi, il cardinale Angelo Bagnasco ha affermato che l’ideologia islamista viene a riempire quel vuoto di contenuti e di senso creatosi in occidente: “la cultura occidentale si sta svuotando sempre di più e laddove la cultura si svuota è l’anima di popoli che si svuota e, allora, ideologie turpi, fanatiche, fondamentaliste e brutali, che disprezzano la vita umana, possono presentarsi in modo suggestivo all’anima di persone vuote”. “L’occidente – continua il cardinale – si è sempre più appiattito verso il nulla e quando c’è il nulla, ideologie forti anche se turpi possono avere buon gioco”.

Alla fine, la predizione del mago (o profeta) Houellebecq è che il grido di “libertà”, ultimo valore sopravvissuto, mal-inteso, mal-trattato nella nostra vecchia e stanca Europa, verrà soffocato da un altro e ben più potente grido: “sottomissione”! Sottomissione delle donne agli uomini e degli uomini ad Allah. E’ ciò che, nel romanzo, afferma il rettore della nuova Università (neo convertito e divulgatore dell’Islam): “Il culmine della felicità umana consiste nella sottomissione più assoluta”.

La prospettiva non sembra felice per nessuno, ma a farne le spese sarà soprattutto il gentil sesso che si vedrà privato dei suoi diritti fondamentali (una questione di “intelligenza” e di “selezione naturale”): l’uguaglianza, l’istruzione, le quote rosa e la patente di guida, la vita sociale e accademica, la scelta del partner…  Tutti diritti conquistati lungo i secoli grazie al faticoso riconoscimento della dignità fondamentale della donna, una battaglia in cui il ruolo del cristianesimo (checché ne dicano i suoi detrattori) è stato, ed è tutt’ora, fondamentale.

Il concetto di sottomissione non e’ nuovo al Cristianesimo. San Paolo chiedeva ai cristiani (in particolare alle mogli e ai mariti) di rimanere sottomessi gli uni agli altri (Ef. 5,21).  La libertà è importante, lo sappiamo, ed ogni donna è libera di scegliere a chi sottomettersi, ma, a ben pensare, sarebbe molto meglio (più liberatorio e realizzante) per una ragazza sottomettesi al proprio marito (cristiano) che vorrà “morire” per lei, che allo stato (islamico) che stabilirà, in maniera democratica e moderata, che a “morire” siano proprio quei diritti conquistati e spesso sbandierati.

Dal canto nostro, noi speriamo (e preghiamo) che le previsioni del mago Houellebecq non si avverino e che il suo romanzo resti un romanzo, senza che mai, in futuro, sia elevato al rango di (catastrofica) profezia. Non per odio verso l’Islam ma per amore verso la nostra Europa, ci auguriamo che, lontano da ogni pensiero o azione violenta, xenofoba o reazionaria, possiamo prendere coscienza della nostra fragilità e possiamo, (prima ancora di combattere i nostri nemici), ri-costruire noi stessi ripartendo da quell’annuncio che ha il potere di cambiare la vita delle persone, l’annuncio di un Dio che si è sottomesso scandalosamente all’uomo (sulla croce) al fine di renderlo libero una volta e per sempre.

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Papa Francesco e l’Humanae Vitae

papa manilaIl Papa Francesco ha ribadito in modo chiaro l’importanza, per la famiglia cristiana, del documento Humanae Vitae del papa Paolo VI. Lo ha fatto durante il suo viaggio in Filippine, nel discorso pronunciato all’incontro con le famiglie al Mall Of Asia Arena di Manila (qui il discorso completo, da non perdere!).

Pubblicata il 25 luglio del 1968, nel pieno della cosiddetta “rivoluzione sessuale”, la lettera enciclica scritta da papa Montini a proposito della vita umana e della regolazione delle nascite provocò, all’interno della Chiesa Cattolica, reazioni contrastanti riscuotendo dal primo momento molte critiche e contestazioni da parte di esperti, teologi, singoli vescovi e intere conferenze episcopali. Il documento non ha certo un appeal popolare, il suo non è un messaggio immediatamente attraente né facile da mettere in pratica ma descrive l’alta vocazione della famiglia e della paternità e maternità responsabile. E’ per questo motivo che, ancora oggi, è al centro di grandi polemiche ed è considerato uno dei testi magisteriali più discussi degli ultimi decenni.

Da una parte c’è chi considera l’Humanae Vitae un atto di forza, solitario e testardo, del papa Paolo VI che decise contro i pareri della commissione di esperti da lui stesso istituita. Costoro ne criticano l’eccessiva durezza e severità nei confronti dei coniugi cristiani nel vietare i “metodi artificiali” di controllo delle nascite. Tra coloro che hanno contestato l’Humanae Vite si è alzata anche l’autorevole voce del card. Martini che mai nascose le sue posizioni avanguardiste in materia di morale sessuale. Nel suo libro-intervista “Dialoghi notturni a Gerusalemme”, il cardinale definì il documento papale “un grave danno” che provocò l’allontanamento di molte persone dalla Chiesa. Così l’insegnamento morale di Paolo VI viene considerato, da molti ambienti ecclesiastici, retrogrado, superato e lontano dalla mentalità e dai problemi odierni dei coniugi cristiani.

Dall’altra parte ci sono coloro che – fedeli al magistero di Paolo VI – hanno sottolineano la bellezza, la dimensione profetica e l’importanza fondamentale dell’Humanae Vitae per la situazione attuale delle famiglie. Primo fra tutti san Giovanni Paolo II che dedicò molti studi e catechesi a ciò che si conosce come “teologia del corpo” (sintetizzata in modo chiaro e preciso nel libro “La sessualità secondo Giovanni Paolo II” del giornalista francese Yves Semen). In nessun momento e sotto nessun aspetto il magistero del papa polacco si discostò dalle indicazioni di Paolo VI. Allo stesso modo Benedetto XVI – a quarant’anni dalla pubblicazione del documento – indicò che “quell’insegnamento non solo manifesta immutata la sua verità, ma rivela anche la lungimiranza con la quale il problema venne affrontato”.

Ora anche papa Francesco mostra la sua volontà di conservarne l’insegnamento dell’Humanae Vitae come una parola valida per la Chiesa e per i cristiani di oggi. Nell’incontro con le famiglie filippine, parlando delle “colonizzazioni ideologiche che cercano di distruggere la famiglia”, il papa ha invitato a non perdere di vista “la missione della famiglia” e a “dire di no a qualsiasi colonizzazione politica” con sagacia, abilità e forza. Tra le grandi sfide che la famiglia è chiamata ad affrontare il papa ha citato i disastri naturali, la povertà e l’emigrazione: problemi che affliggono in modo particolare le Filippine e i paesi limitrofi. Ma, allo stesso tempo, il “materialismo” e “stili di vita che annullano la vita familiare e le più fondamentali esigenze della morale cristiana” sono il frutto di una vera e propria “colonizzazione ideologica” che si avventa contro l’istituzione familiare. La “mancanza di apertura alla vita” è uno dei mali di cui soffre la famiglia che segue le sirene del relativismo e della “cultura dell’effimero”. La chiusura alla vita diventa poi un cancro all’interno della società che invecchia e muore, giacché – prosegue il pontefice “ogni minaccia alla famiglia è una minaccia alla società stessa”.

A questo punto Francesco ricorda il papa Paolo VI che “ebbe il coraggio di difendere l’apertura alla vita nella famiglia. Lui conosceva le difficoltà che c’erano in ogni famiglia, per questo nella sua Enciclica era molto misericordioso verso i casi particolari, e chiese ai confessori che fossero molto misericordiosi e comprensivi con i casi particolari. Però lui guardò anche oltre: guardò i popoli della Terra, e vide questa minaccia della distruzione della famiglia per la mancanza dei figli. Paolo VI era coraggioso, era un buon pastore e mise in guardia le sue pecore dai lupi in arrivo”.

L’intento di papa Montini, sollecitato dai movimenti di liberazione sessuale, dalla diffusione della pillola abortiva e dagli allarmi sul boom demografico, fu quello di ribadire la sacralità della vita e della sessualità umana e stabilire la dottrina cattolica nel campo della morale coniugale, con particolare riferimento alla regolazione della natalità. Ribadendo il giudizio negativo nei confronti dell’aborto, della sterilizzazione e dei metodi anticoncezionali, Paolo VI sottolineò l’inscindibilità tra l’aspetto unitivo e quello procreativo dell’atto coniugale stabilendo che “qualsiasi atto matrimoniale deve rimanere aperto alla trasmissione della vita” (n° 11).

Per il papa Paolo VI “la paternità responsabile si esercita, sia con la deliberazione ponderata e generosa di far crescere una famiglia numerosa, sia con la decisione, presa per gravi motivi e nel rispetto della legge morale, di evitare temporaneamente od anche a tempo indeterminato, una nuova nascita”. Nel riconoscere i “propri doveri verso Dio, verso se stessi, verso la famiglia e verso la società”, i coniugi “non sono liberi di procedere a proprio arbitrio, come se potessero determinare in modo del tutto autonomo le vie oneste da seguire, ma, al contrario, devono conformare il loro agire all’intenzione creatrice di Dio, espressa nella stessa natura del matrimonio e dei suoi atti, e manifestata dall’insegnamento costante della chiesa”.

Nulla di semplice, insomma. Ma il papa fu profetico perché oltre a segnalare la via da percorrere, indicò i rischi e i pericoli di uno stile di vita che sposasse la regolazione artificiale delle nascite (HV 17): l’infedeltà coniugale, l’abbassamento della moralità, la banalizzazione della sessualità, la mancanza di rispetto nei confronti della donna (considerata “strumento di godimento egoistico”), il rischio dell’intromissione del governo nelle decisioni familiari dei coniugi attraverso metodi anticoncezionali suggeriti o imposti…

La contestazione all’enciclica Humanae Vitae è uno dei problemi spinosi che la Chiesa è chiamata ad affrontare con serietà e attenzione pastorale. Sono molti i cattolici che si pongono in netta opposizione ai dettami di questa enciclica: sia i singoli coniugi cristiani, con una condotta di regolazione delle nascite che non esclude i metodi anticoncezionali, sia i pastori o  i teologi con un insegnamento che contrasta nettamente col magistero di Paolo VI.

Ne è un chiaro esempio il risultato del questionario preparatorio per il Sinodo Straordinario sulla Famiglia che ha evidenziato come, l’Humanae Vitae “nella stragrande maggioranza dei casi, non è conosciuta nella sua dimensione positiva. Coloro che affermano di conoscerla appartengono per lo più ad associazioni e gruppi ecclesiali particolarmente impegnati nella frequentazione delle parrocchie o in cammini di spiritualità familiare” (Instrumentum Laboris, n° 123). Si evidenzia inoltre una netta dicotomia tra ciò che la Chiesa insegna e ciò che la maggioranza dei cattolici crede e pratica, senza che ci sia un giusto accompagnamento necessario per la comprensione della realtà coniugale alla luce della fede e della antropologia cristiana.

Un altro esempio recente che mostra più da vicino la confusione in materia lo troviamo in una rivista mensile dell’etere cattolico gestita da una nota comunità religiosa. Nel numero di dicembre vi si trova una lettera di due coniugi del nord Italia sposati da quarant’anni che, in coscienza e per il benessere della loro unione, fanno uso della pillola anticoncezionale vietata esplicitamente dall’Humanae Vitae; i coniugi si dicono profondamente “avviliti” perché il Sinodo appena concluso “ha proposto sbrigativamente ai coniugi la Humanae Vitae” mentre speravano che la Chiesa “finalmente cambiasse atteggiamento”. La risposta del giornale avviene per mano di un “teologo” italiano che si dice anch’esso “perplesso” per la “conferma senza riserve” della enciclica di Paolo VI, sottolineando l’esistenza di uno “scisma sommerso” all’interno della Chiesa. Il teologo ricorda che diverse conferenze episcopali, così come il card. Martini, hanno cercato di rivedere e reinterpretare l’insegnamento ufficiale della Chiesa senza però riuscirci e si mostra fiducioso perché i lavori sinodali sulla famiglia devono ancora concludersi.

La speranza di molti fedeli e pastori è dunque che l’Humanae Vitae venga modificata, alleggerita o definitivamente superata in favore di una maggior apertura ed elasticità mentale. Sono speranze riposte sul Sinodo e sicuramente ci sarà da discutere. Ma a quanto pare, papa Francesco, non ha intenzione di modificare l’insegnamento della Chiesa cattolica con un “abbassamento della moralità”. Ciò che ebbe a cuore Paolo VI nella stesura dell’enciclica fu tenere alta la legge per elevare l’uomo, senza cadere nel rischio che sia l’uomo ad abbassare la legge per poter raggiungerla più facilmente.

E’ ovvio che nessuna legge, neanche le norme del magistero ecclesiastico promulgate dal papa, può avere un carattere coercitivo, nessuno è “costretto” ad obbedire ma tutti sono invitati ad accogliere con fede questa parola della Chiesa, come una parola che viene da Dio. E’ per questo che (così come fece Paolo VI invitando i sacerdoti ad una cura pastorale attenta e sollecita) Francesco ha ribadito con forza la necessita, per i pastori, di essere “misericordiosi e comprensivi” con i casi particolari. Da qui a cancellare l’Humanae Vitae ci passa un bel po’ di differenza.

Miguel Cuartero
@mcuart

Contro il gender non siamo soli! (e ora anche un giornale: La Croce)

battaglia_guado“Gli eserciti del cielo lo seguono su cavalli bianchi, vestiti di lino bianco e puro”
Ap. 19,14

In questi giorni si è parlato molto dell’ideologia gender e della sua diffusione nelle scuole italiane attraverso degli organi ufficiali del governo. Di gender si parlerà ancora, e se ne continuerà a parlare per un po’ visto che la strategia del governo trova l’appoggio di organismi internazionali come l’Organizzazione Mondiale della Salute e la stessa Unione Europea.

Sembra quindi definirsi, sempre più chiaramente, una battaglia tra lo stato e le famiglie; e, quello che fin’ora è stato un susseguirsi di segnali, di proclami, di prove tecniche, ora è diventato uno scontro frontale con, da una parte, l’istituzione di corsi finalizzati all’indottrinamento degli alunni secondo la nuova antropologia dei generi (corsi camuffati sotto diciture come “lotta contro le discriminazioni e il bullismo”) e, dall’altra parte, le famiglie – che non ci stanno! – che rispondono cercando di difendersi per tutelare i propri diritti e quelli dei propri figli (torniamo sempre al famoso articolo 26 dei Diritti dell’Uomo).

Il caso dei coniugi tedeschi condannati a 40 giorni di carcere – come dei criminali – per essersi opposti alle lezioni di educazione sessuale imbevuti di ideologia gender, è qualcosa di più che un semplice campanello di allarme. Di fronte alla minaccia di una nuova tirannia, gli animi sono tesi, molte famiglie sono seriamente preoccupate per il futuro (e il presente) dei loro figli. E’ importante dunque capire che in questa battaglia nessuno è solo, nessuno combatte da solo ma, al contrario, da molte parti si inizia ad alzare il grido dei dissidenti che combatte contro il nemico in diverse maniere.

Ci sono molti modi di combattere la galoppante deriva gender promossa dalle associazioni LBGT in Europa e nel mondo intero: sono tutte strategie, ugualmente valide ed ugualmente necessarie, con un’unica finalità: arginare l’ideologia e ribadire la libertà di pensiero; riaffermare la realtà della famiglia fondata sull’unione tra un uomo e una donna. In Italia qualcosa si sta muovendo, segno che le coscienze riescono ancora ad opporsi a questa nuova dittatura. In questo periodo sono sorte diverse associazioni che lottano a favore della famiglia cosiddetta “naturale” (dovere specificare ha il sapore di una sconfitta!). Sui social networks si sono moltiplicati esponenzialmente i gruppi che invocano la difesa dei bambini e della famiglia (non specificherò più!).

Qualcuno ha optato per una forma pacifica ma eloquente: quella di stare in piedi, leggendo e “vegliando” – da qui il nome originale del “movimento” – come delle “sentinelle”, un silenzio talmente rumoroso che ha attirato l’ira di alcuni pacifisti part-time e buonisti a tempo perso.

Un’altra strategia è quella dell’informazione accurata, attenta e professionale sul pericolo dell’ideologia gender: è il lavoro di alcuni quotidiani (Avvenire, Il Foglio…), riviste specializzate (Il Timone, Radici Cristiane…), giornali online (La Nuova Bussola Quotidiana, Aleteia, Tempi… e un numero considerevole di altri siti e blog). E’ in questo campo che si alzano con forza le voci di molti giornalisti ed esperti che, coi loro articoli, informano e formano i lettori mettendoli in guardia riguardo i pericoli del pensiero unico.

C’è il lavoro di tante case editrici che combattono con l’arma della “buona stampa” pubblicando saggi, testimonianze e materiale utile a questa sfida culturale (sono da segnalare alcune recenti pubblicazioni delle edizioni San Paolo come Bruce Brenda e David, Il Regno di Narciso, Il gender, Educare al femminile e al maschile).

LaCroce_AdinolfiE’ proprio per questo motivo – per un’informazione corretta e approfondita di queste tematiche – che qualcuno ha pensato di fondare un nuovo quotidiano (sfidando la crisi nera che investe il settore): e così Mario Adinolfi – un pazzo scatenato! – porterà “La Croce” in tutte le edicole del paese; un nome che è un programma: immagine di un fallimento ma segno e garanzia di una (escatologica) vittoria!

C’è poi chi ci mette la faccia, i tacchi, la barba o la pancia come Marco Scicchitano, Costanza Miriano, padre Maurizio Botta e (ancora) Mario Adinolfi: quattro “moschettieri” che girano l’Italia per combattere contro la barbarie dei falsi miti di questo nuovo illuminismo; oppure chi ci mette – e ci rimette! – la voce, come il professore Massimo Gandolfini (centinaia le sue conferenze in giro per l’Italia) o l’avvocato Amato, presidente dei Giuristi per la Vita, che a dire di qualcuno è sempre più afono a causa dei suoi numerosi incontri per smascherare – dal punto di vista giuridico – le trame e i sofismi di questo nemico (vedi alla voce: “disegno di legge Scalfarotto”).

A combattere questa battaglia c’è anche chi si trova in ruoli di governo all’interno della Chiesa come il cardinale Bagnasco che, con decisione e coraggio, ha parlato delle teorie gender come “una vera dittatura” invitando i genitori a “non farsi intimidire” ed a “reagire con determinazione” (…); altri suoi “colleghi” anche se con meno veemenza o più timidezza (al punto di arrivare a vergognarsi e chiedere scusa) anno espresso il loro diraccordo ed hanno iniziato ad alzare la voce.

Non c’è limite di età per entrare nelle fila di questo esercito: per questo un lavoro fondamentale lo svolge un anziano tedesco: Benedetto XVI, il primo “papa emerito” della storia della Chiesa che, nel “recinto di Pietro” prega per la Chiesa affinché stia salda nella fede, affinché la Barca di Pietro non naufraghi sotto i burrascosi venti del relativismo.

A capo di tutti c’è un argentino divenuto molto celebre, da un anno a questa parte, col nome di Francesco; il Papa, che ha ricordato la necessità e il diritto ad avere una mamma ed un papà e ha condannato la “manipolazione educativa” e il rischio che la scuola diventi un “campo di rieducazione”.

A combattere questa battaglia, infine, ci sono Marco, Anna, Nicola, Sara, Gabriele, Antonio, Maria, Francesco, Vincenzo, Sara, Giuliano, Laura, Simone, Cristiana, Giacomo, Chiara, Alice… un esercito di persone di buona volontà, di nonni, di mamme e di papà, che non vogliono piegarsi alla dittatura del pensiero unico, a questa nuova tirannia proclamata da più parti come sana e liberatoria per l’uomo; che non vogliono inginocchiarsi davanti alla statua che, qualsiasi nome si dia, pretende onore e sottomissione a cambio di un pugno di piacere. C’è un esercito di fedeli che prega e combatte senza stancarsi, per ricordare al mondo e trasmettere alle generazioni future la bellezza della creazione (“maschio e femmina li creò”), la bellezza della famiglia, la sacralità della vita e la sacralità del corpo umano e della sessualità.

famigliaIn ultimo abbiamo tanti santi in paradiso, che hanno lasciato nel mondo una testimonianza viva e che ora combattono per noi con la loro intercessione e la loro presenza; nominarli tutti sarebbe impossibile ma scegliere dei santi protettori contro la cultura del gender sarebbe come chiedere loro un aiuto speciale: penso a san Paolo VI (il papa della Humanae Vitae), a san Giovanni Paolo II (il papa della famiglia), a san Tommaso Moro (marito, padre e… giurista per la vita), a tutti i coniugi santi, in primis Giuseppe e Maria di Nazaret, oppure i  coniugi Beltrame Quattrocchi o i beati Louis e Zelie Martin (i genitori di santa Teresina). Penso a Chiara Corbella la cui storia di coraggio e di fede ha commosso milioni di italiani, molti dei quali si sono affidati alla sua speciale protezione. Penso poi, al quel genio inglese di Gilbert Chesterton, così necessario ieri come oggi, benché non (ancora) elevato agli onori degli altari, ispira molti con la sua sana dottrina, la sua filosofia, la sua fede: mostrando la semplicità, la ragionevolezza e la innegabilità della verità ed incoraggiando ad “accendere fuochi” per testimoniare che “due più due fa quattro”.

Molti purtroppo non vedranno la necessità di fare tutto questo baccano. Molti, tra i nostri amici, tra i nostri parenti, nelle nostre comunità, penseranno che siamo esagerati, eccessivamente allarmisti, e non vorranno arruolarsi. Sappiano però che chi combatte lo fa anche per loro; e se preferiranno stare tranquilli e occuparsi delle loro cose, sappiano che c’è qualcuno che veglia per loro, in silenzio, come delle Sentinelle, qualcuno che per loro scriverà, parlerà, urlerà: “Voglio la Mamma!”, “Fammi Nascere!”, “Non si tocca la Famiglia”, “Guai a chi tocca i nostri bambini!” o “La famiglia è una sola”; qualcuno per loro pregherà nelle ampie navate delle basiliche o nel segreto delle riservate cappelle dei monasteri.

E’ una battaglia che vale la pena di combattere. D’altronde se ti proponessero di giocare in una delle due squadre che si giocano una finale, dove il risultato è già stabilito, che squadra sceglieresti se non quella dei futuri campioni?

Non siamo soli. L’esercito di Dio è grande e anche forte. Dall’altra parte, spesso, sembra esserci il mondo intero. Ma qualcuno suggerì di non preoccuparsi, perché c’è una speranza che non delude: “Io – ha detto – ho vinto il mondo”. Fu proprio Lui, Gesù, che suggerì la strategia migliore: semplici come colombe e astuti come serpenti, disposti a perdere tutto ma non la testa, non la fede.

Miguel Cuartero

@mcuart
 

Non sono Charlie! ma la mia religione mi vieta la vendetta

charlie2La strage avvenuta a Parigi nella sede del giornale Charlie Hebdo ha scosso il mondo intero e, in particolar modo, l’Europa. Oggi il vecchio continente piange per la morte dei giornalisti francesi uccisi da tre mostri armati fino ai denti che sono piombati improvvisamente nei loro uffici interrompendo, non semplicemente una riunione di redazione, bensì 12 vite umane, stroncando per sempre i loro sogni, i loro progetti, le loro speranze, la loro arte, passioni e aprendo una ferita profonda nelle loro famiglie.

Oggi siamo tutti francesi, siamo tutti vignettisti, siamo tutti più occidentali e “siamo tutti Charlie”, così infatti i giornali, i social network, i siti personali e le piazze si vestono a lutto stringendosi attorno alle vittime e ai suoi famigliari con una matita in mano (segno dell’arte che ha costato la vita ai 12 francesi) e una scritta: “Je Suis Charlie“.

Un po’ come quanto qualche mese fa, tra i cattolici, fece il giro del mondo la lettera araba ن simbolo con cui gli islamisti jihaidisti dell’Iraq (dell’Islamiq State) segnarono le case e le proprietà dei cristiani di Mosul per svaligiarle e ucciderne gli inquilini. Una lettera (nun) che indica una appartenenza: quella di essere cristiani, nazareni, e di aver rifiutato la conversione di adorare Allah e di pagare il tributo al nuovo stato islamico. E’ per questo che milioni di cattolici hanno offerto le loro preghiere e la loro solidarietà dicendo: “Siamo tutti nazareni”!

Le immagini satiriche che ridicolizzavano l’islam sono famose in tutto il mondo perché da tempo sollevano l’indignazione e lo sdegno della comunità musulmana. Tre anni fa una bomba molotov scoppiò nella sede dello stesso giornale per vendicare le vignette ironiche su Maometto. Oggi dodici persone sono state uccise – direttore, giornalisti, collaboratori e guardie – per vendicare il grande Profeta al grido di “Allah è grande”.

Hebdo-libreUn po’ meno conosciute, anzi, quasi sconosciute, le vignette che mettono in ridicolo Gesù, la Chiesa e il papa. Il giornale francese non è mai stato tenero con nessuno, tanto meno con i cristiani i quali sono stati bersaglio delle irriverenti matite di Charlie Hebdo in modo grottesco, grossolano e volgare. Le immagini che si riferiscono a Dio, a Gesù, alla Trinità, non meritano neanche un commento. Cosa dire, invece, del girotondo dei cardinali sodomiti, o di papa Benedetto XVI continuamente indicato come pedofilo e omosessuale, ritratto alzando un preservativo come se fosse in una funzione liturgica, nell’atto di violentare dei bambini o di baciare una guardia svizzera dopo essersi ritirato? (fa male inserire la foto ma rende l’idea di quello che si vuole dire, ed è la meno aggressiva!)

Va bene commuoversi, va bene piangere, va bene la rabbia e va bene alzare le matite in ricordo di Charlie Hebdo! Forse va bene anche andare tutti all’ambasciata francese come segno di vicinanza. Ma è necessario domandarsi dove va a finire il nostro senso di fratellanza e di solidarietà (soprattutto tra cristiani) ogni volta che dei nostri consanguinei (perché abbiamo avuto in eredità il sangue di Gesu Cristo!) vengono sterminati in Iraq, in Afganistan, in Corea o in Nigeria dalla furia dell’estremismo islamico. Quante veglie di preghiera per ricordare le loro anime? Quante segni visibili per sostenere le loro famiglie? Quante ferme dichiarazioni per dire basta con le stragi di innocenti? Quante visite alle loro ambasciate? O a San Pietro, “ambasciata” simbolica di tutti i cristiani cattolici del mondo? Quanti comunicati dei nostri governanti per fermare la strage?

Io non sono Charlie! Non approvo questa satira, questo tipo di informazione, queste falsità e gli insulti gratuiti contro il Cristianesimo, contro la Chiesa e contro il papa. Ma il punto è un altro: che la mia religione (nonché la mia ragione illuminata dalla fede cristiana) mi vieta di uccidere per difendere il papa; mi vieta anche di spargere sangue per vendicare Gesù Cristo, perché Lui – pur potendo farlo – non si è vendicato mentre lo inchiodavano sulla croce.

E c’è dell’altro: Lui, non solo non si è vendicato con molotov o fulmini dal cielo, ma ha addirittura perdonato, ha addirittura amato! E ha invitato a fare così anche ai suoi discepoli, e ai discepoli dei suoi discepoli (Lc 6,27-38). Il nostro Dio è grande, talmente grande che non ha bisogno della nostra vendetta; talmente più grande del loro dio che, lento all’ira e grande nell’amore (sal. 102,8), dall’alto del cielo vedendo le misere trame degli uomini contro il Messia, “se ne ride” (sal 2,8) e non si infuria; talmente (più) grande che non chiede altro spargimento di sangue di quello del suo figlio che, sulla croce, ha pagato per tutti. Per i nostri peccati, per quelli di Charlie Hebdo e per quelli dei sicari islamici.

Se esiste un dio che, rabbioso per le offese arrecate alla sua maestà divina, ha la necessità di chiedere agli uomini di smettere di essere uomini e, comportandosi come bestie, di tagliare le gole, le mani, le lingue, o sparare scariche di proiettili su altri uomini a causa dei loro peccati contro la Sua divina grandezza, questo non è – grazie a Lui! – il mio Dio. E ad onore alla verità dobbiamo avere il coraggio di affermare che non si tratta dello stesso dio! Perché nel nome del nostro Dio, oggi, non si diffonde la morte, ma al contrario, la vita!

CROCE INVOCATAOggi l’Europa si sente “Charlie”. Io un po’ meno. Per condividere il lutto e difendere la libertà di stampa tutti affermano con orgoglio di essere anche loro Charlie Hebdo e alzano le loro matite in ricordo dei vignettisti uccisi. Io preferisco sentirmi sempre, e solo, un nazareno e alzare, anzichè una matita, una croce. Oggi, in tutto il mondo, nazareni muoiono come cani, ignorati, oppure sbeffeggiati e insultati in continuazione dalle satire di tanti giornali come Charlie Hebdo (o La Repubblica, o El Pais… e tanti altri organi di stampa del nuovo pensiero unico progressista); ogni giorno sentiamo di nazareni perseguitati, torturati, massacrati e uccisi nelle terre dove regna indisturbata la religione islamica e dove la civiltà barbara fa fatica a lasciare il posto alla ragione.

Non a caso, un recente studio ha dimostrato che nella lista dei posti più intolleranti verso i “nazareni” ci sono solo paesi islamici, superati – in cima alla classifica per il 13° anno consecutivo – solo dalla Corea del Nord, ultimo baluardo di quella corrente di pensiero che ha ucciso (al momento) più cristiani che nessuna altra guerra: il regime dittatoriale comunista.

 

 

 

 

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