Testa•del•Serpente

"Rinunciare a tutto per salvare la testa" • Un blog di Miguel Cuartero Samperi

Cuaresma: ¡el camino hacia la Gran Belleza!


camino3¡Cuarenta días de preparación para una fiesta que dura cincuenta días! Existe aquí también una sabiduría extraórdinaria que nos asegura que la meta es más importante que el camino, que no caminamos por caminar, sino que apuntamos derechos hacia el final de nuestro recorrido.

El camino no es fácil sino, al contrario, largo y dificil; es un camino lleno de baches, de charcos que parecen lagos, de puentes que tambalean sobre precipicios vertiginosos, de bosques densos, de zarzas espinosas, de empinadas cuestas, de calles cerradas, atascadas, a tal punto que resultan impracticables (situaciones que ni siquiera los automovilistas romanos, tan acostumbrados a las calles en muy mal estado, pueden imaginarse bien)! Y así, más allá de las metáforas, este recorrido cuaresmal se vuelve un combate (inclúso cuerpo a cuerpo) con las tentaciones, con los pensamientos malvados, con el demonio que promete una vida mejor, más cómoda, pero a un precio muy alto.

El camino está lleno de peligros, ante todo el de dejar todo y volver atrás, de cansarse demasiado pronto, de preferir las comodidades, la buena comida, el calorcito de casa, nuestro dinero, las riquezas, los afectos, las costumbres, nuestro sofá y el escabel donde ponemos nuestros pies, la seguridad de tener el control en la mano para escoger nosotros mismos las aventuras que queremos vivir.

Por esta razón se nos ofrecen – antes de emprender el viaje – unas armas: oración, ayuno y penitencia, pero a condición de que las usemos y no las dejemos inutilizadas quejándonos, después, de derrotas sonoras. ¡Sin las armas dificilmente se gana un combate! Por lo tanto, es muy desaconsejable no rezar, no dar limosna y no ayunar, a lo largo del camino. El riesgo es siempre el de perder batallas y – en tierra, heridos – renunciar a levantarse para seguir luchando.

¿Hacia dónde vamos? Sólamente el deseo de la meta puede hacernos empezar un camino como este. Vamos hacia la Gran Belleza de la Pascua, en la que celebraremos la derrota definitiva de las tinieblas de la muerte y la definitiva victoria de la luz; la ruptura de toda atadura, la liberación de los esclavos, la consolación de los afligidos; la derrota del diablo, la antigua serpiente, y la victoria de Cristo, elevado en el medio del desierto como una serpiente que salva. ¿Qué otra belleza tan grande podríamos desear?

Pietro-e-Giovanni2En estos días se habla mucho de la película italiana “La Gran Belleza”. Es obvio (¿o quizás no tan obvio?) que para alcanzar la belleza ¡habrá que eliminar su contrario! Este camino es el paso de la fealdad del pecado a la belleza de la conversión, del regreso a Dios. Es el camino del pueblo de Israel que – dicen los sabios – era feo, malholiente, cojo, ciego, estaba enfermo, triste, enfadado…  cuando salió de Egipto, y que se convirtió en un pueblo nuevo – bello, sano, limpio, esplendoroso, alegre, feliz – depués de la conversión, después de la alianza con el Señor a los pies del monte Sinaí.

Para los hebreos, en efecto, la raíz de la belleza es la misma raíz de la bondad, ambas expresadas en la palabra “tov (el mismo adjetivo expresa tanto la belleza como la bondad). Nos volvemos hermosos cuando somos buenos y nos volvemos buenos – no con la buena educación – sino acercándonos hasta confundirnos con la que Agustín llama “Belleza tan antigua y tan nueva”, antigua porque existe desde siempre, nueva porque cada día nos sorprende, nos maravilla y nos gusta nuevamente. La palabra hebrea, además, indica también la riqueza, la prosperidad, los beneficios, los éxitos… como si dijera: “se bueno, serás hermoso y no te faltará nada”.

Ayer por la noche le dejé a mi mujer la tarea de ver la pelicula “La Gran Belleza”, que recientemente ganó un Oscar (puesto que yo tenía un compromiso): normalmente me fío sinceramente de su opinión crítica. En cuanto llegué a casa me encontré mi “recensión” lista:  mi mujer y mi hijo (tiene 15 días, ¡no le pidáis mucho!) dormían, la pelicula llegaba a su fin y el protagonista desconsolado decía: “Buscaba la gran belleza… pero no la he encontrado” (por lealtad, entonces, podías haberle cambiado el título a la pelicula, por lo menos!).

Lo que pasa es que resultará imposible encontrar la “Gran Belleza” si nos hemos detenido en la belleza reflejada de las cosas creadas. Sigue escribiendo admirablemente S.Agustín: “interroga a la belleza de la tierra, interroga a la belleza del mar, interroga a la belleza del aire limpio y difuso. Interroga a la belleza del cielo, interroga al orden de las estrellas, interroga al sol […].¡Interrógales! Todos te responderán: ¡Míranos: somos bellos! […]. Esta belleza mudable ¿quién la ha creado, sino la Belleza Inmutable?”

¡Ahí está, pues! Pongámonos en camino también nosotros en busca de la Gran Belleza, la verdadera, la que se deja encontrar, la que – respondiendo a Dostoevskij – ¡“salvará al mundo”!

El que la Pascua sea, además, no solo el final de un camino, sino también – y sobretodo – el comienzo de una nueva vida, de un nuevo recorrido que va de aquella tumba vacía “a todas partes” (como diría el poeta Tagore), no hace más que animarnos a combatir y a correr siempre más para alcanzar la meta, ¡la gran belleza del anuncio pascual de Cristo Resucitado!

Traducción del italiano por María Cuartero

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